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Y De Este Mundo Prostituto Y Vano Sólo Quise Un Cigarro Entre Mi Mano
(FONSECA;RUBEM)

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Discreto, cordial, alérgico a las entrevistas y a la fama gratuita: Rubem Fonseca (1925) escritor, profesor universitario, periodista, guionista y crítico de cine es uno de los grandes representantes de la literatura brasileña contemporánea. Autor de 23 volúmenes de novela y cuentos, resultó ganador de la XIII Edición del Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, correspondiente a 2003. El jurado consideró que la obra de Fonseca ha contribuido decisivamente a la renovación de la prosa narrativa, pues introduce un modo de contar que aprovecha y reelabora formas provenientes de la literatura popular como la novela negra, pero también las de la novela política, la social, la existencial y la erótica, entre otras cosas.
Esta novela es una muestra de todas esas cualidades narrativas y mucho más que queda por descubrir. Gustavo Flavio, un escritor fascinado por el mundo femenino, mujeriego irredento, famoso, admirado, pedante erudito (personaje también de Pasado Negro), está involucrado en una serie de homicidios, los cuales, Mandrake, abogado del principal sospechoso, comparte con nosotros (los lectores), casi convirtiéndonos en algo así como su asistente personal, cosa que motiva nuestra intriga más de cerca, agudizando nuestros sentidos para querer resolver el caso.
La trama se va desarrollando de una manera particular que llama la atención a los pocos segundos de empezada la lectura. Ya al inicio Mandrake justifica, lo que a continuación, diciéndonos: Por desgracia no feché ni numeré las transcripciones, error que ya había cometido con las cintas grabadas, lo que perjudicó en cierta medida el hilo cronológico de la narrativa. Quizás sea en parte, que la experiencia cinematográfica de Fonseca haya influido en esta manera de desfragmentar la línea cronológica, ordenada y secuencial de la narrativa formal, pero la verdad es que no creo que haya existido otra mejor manera de contar esta historia en particular, es como debió haber sido, pues cae en perfecta armonía con la manera de poder conocer a cada uno de los personajes.
Fonseca, considerado como el narrador de lo siniestro, desde su primer libro ha creado todo tipo de delitos y personajes crueles irónicos, ingenuos, tratados con un poco de humor. Muchos consideran que es el autor de la descomposición social, esa, que no sólo se manifiesta en Brasil, si no, en toda Latinoamérica. Como dice el escritor mexicano Elmer Mendoza, sobre la obra de Fonseca: su literatura es una respuesta a la violencia que ciega a la sociedad de este tiempo.
Es obvio que el modelo literario que más ha influido sobre Fonseca es el de la novela policial y del thriller, además de sus estudios de Derecho y sus 27 años como comisario de policía, pero sus fines no se proponen descubrir al asesino. Su hazaña literaria es descubrir la condición humana. La estimulante búsqueda en esta novela, se desenvuelve entre el aroma del tabaco, elemento infaltable en toda la obra, el erotismo frustrante y apasionante cultivado por los personajes combinado con el amor de alto riesgo, porque exige que los amantes sean conspiradores o víctimas, junto con el infaltable arte de escribir.
Todas esas características son las que en parte nos cautiva con un sentido de familiaridad a esta novela. Personajes fáciles de identificar, curioso no encontrar pensamientos ocultos similares, tal como nosotros: con dudas, temores, llenos de sarcasmo, humor, ironía, debilidades, rencores, hombres y mujeres que se entregan a la vida tal cual, sin restricciones, dejándose llevar por sus fuerzas motrices personales: la ambición, el deseo o simplemente amar y ser amado. Amor, que en esta novela, transcurre de mil maneras, claramente tres: Amanda, Luisa y Silvia, las mujeres de Gustavo, quién encuentra en cada una características infaltables para su vida, lo cual hace imposible el hecho de separarse de una ellas, por más que esté prohibido o ante los ojos de los demás sea un pecado, en propias palabras de Gustavo: Si Dios existiera, le pediría perdón a Dios? Como Dios no existe, hago lo mismo sin pedir perdón a nadie.
Quizás esa condición de Gustavo, es la que lo habría llevado a vivir esas situaciones tan enredadas y escandalosas, quizás ese amor particular que recibía de cada una de sus amantes es el que enardeció con particular fuerza la condición de sospecha bajo la cual permanece hasta el final. Son muchos los aspectos que nos toca descubrir al momento de leer esta novela, no sólo de la condición de los personajes y sus porqués, sino de nosotros mismos, de cómo funcionamos en un mundo como ese, en un mundo que se desenvuelve entre cosas extraordinarias vistas de manera ordinaria por nuestro sutil acomodo a lo cotidiano y a la falta de sorpresa adquirida por tantos años en una sociedad fácilmente prostituida, donde lo único que nos queda por rescatar es algo para fumar y un amor que comparta con nosotros ese cigarrillo.
Una novela no muy extensa (no excede las 100 páginas) con un lenguaje cotidiano fácil de digerir, activa, locuaz, mantiene un ritmo provocativo que motiva nuestras ganas de seguir leyendo (curiosidad innata) y acabar la historia cuánto antes. Entonces, vale la pena aventurarse a conocer a este, dicho por muchos, maestro contemporáneo del género, a envolvernos un poco de intriga, sospecha, una novela que, si bien nos puede o no gustar el estilo policial, hace surgir en nosotros esa llama intuitiva y nuestro placer por lo enigmático.



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