Doña Flor Y Sus Dos Maridos
(Jorge Amado)
Si usted muere en Brasil debe exigir que la vigilia tenga animación y se honre al difunto que la preside con lo indis- pensable. Café del comienzo al fin. No obstante, sea rico o pobre, en el velatorio es indispensable una buena ca- chacinha. Por que un velorio sin cachaca es una falta de respeto al muerto, indiferencia y desamor hacia él. Vadinho ( sobrenombre alusivo a vicio, juego, ocio y actividad erótica del personaje) el primer marido de Florípedes Paiva, doña Flos de Guimarâes, murió un domingo de carnaval cuando sambava disfrazado de bahiana y según los amigos se debió a la cachaca bebida desde el mediodía anterior y no a las cinco dosis del convite de whisky del hacendado y en contra del certificado de defunción por el cual era hombre condenado: hígado inservible, riñones estropeados, corazón minado. Aunque su apariencia no lo decía. Ahí estaba, labios sonrientes, blanco y rubio, con paz e inocencia a los treinta años. ¡ Tan bello y masculino y sin rehuír sus solemnes compromisos: su juego y ma-landrinaje cotidianos . sus borracheras y jaleos, sus casinos y burdeles, tan sabio en el placer, característica de cuanto hacía...exceptuando el trabajo¡ Y doña Flor se quedó solita en el mundo. Ya nunca más esconder sus ahorros en la pata de hiero de la cama y que él le quitaba a moquete limpio y nunca más apartar el recato para la fiesta de amor. Doña Dinorá, de esas damas que se dice: " juventud licenciosa, seria en la vejez" teniendo sesenta años notó lo sumamente viuda que estaba doña Flor a los treinta y se dispuso a ver en su bola de cristal que nunca le fallaba, al segundo marido de doña Flor y cuando apareció el doctor Teodoro Madureira, socio de Droguería Científica, encajó dentro del vaticinio.- " un señor moreno, mediana edad, alto, robusto, distinguido, un soberbio cuarentón de modales serios y afables, con un capullo de rosa color vino en la mano". Después de ri gurosos esponsales, como no los tuvo antes, en el que participó el barrio entero, más que nada por el segundo esposo, antítesis del primero, VAdinho no se quedó adonde debió quedarse. Revoloteaba en torno a ella y entre las alumnas de la Escuela de Culinaria de doña Flor, pellizcándolas, para emprender nuevamente la cabalgata del placer, consiguiéndolo con su astucia, apesar del ebó de doña Flor. Pero el echizo tuvo éxito cuando menos se esperaba y Vadinho se fue disolviendo en la nada siendo un egun sin cementerio. Era el fin de Vadinho entre la guerra de los santos. ¿ En dón de vio que un finado exista de nuevo, yogando en cama de hierro? Adiós Vadi- nho.Pero venciendo la distancia y la hipocresía, una figura penetró en los cerrados caminos. Doña Flor, desnuda, con su grito de amor cubrió el grito de muerte de Yansâ quemando el tiempo de la mentira. Y aquí termina la historia mientras Doña Flor va de paseo, feliz de la vida entre sus dos amores.Uno de ellos, tal como lo veía doña Flor, desnudo. Todo esto sucedió realmente , créalo quien quisiere.
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