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Cañas Y Barro
(Vicente Blasco Ibáñez)

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Cañas y barro es, sin duda, una de las mejores novelas de Vicente Blasco Ibáñez, el más genial de los novelistas españoles de su época (1867-1928). Su acción transcurre en la Albufera, un bello lago situado en las proximidades de Valencia (España). Es una historia de amor con un final trágico. La protagonista femenina es Neleta, una hembra primaria, pero con cierta aristocracia natural (Tenía la piel blanca, de una nitidez transparente, surcada de venillas; una piel jamás vista en las mujeres de El Palmar. . . , dice Blasco Ibáñez) Su descripción la inicia el novelista durante una excursión a la Dehesa de la Albufera en la que va acompañada de Tonet (el protagonista masculino) y Sangonera (amigo medio supeditado a Tonet). La feminidad convencional de Neleta se muestra cuando tropieza y se lastima un pie. Sangonera, egoísta y cobarde, habla de abandonarla, teme que si se retrasan se les haga de noche y no encuentren el camino de vuelta. Tonet, en cambio, protege a su compañera y amenaza a Sangonera; pero éste al final escapa y los deja solos. Y en medio de la Dehesa pasarán una primera noche juntos que condicionará terriblemente sus vidas. El precoz instinto de mujer de Neleta, su astucia de gatita abandonada y vagabunda la hacían superior a Tonet, escribe Blasco Ibáñez en este primer bosquejo de la psicología de Neleta.


A partir de aquel momento todos en El Palmar consideran novios a Neleta y Tonet. Al principio, cuando todavía son niños, apenas pueden verse. Y luego, cuando Tonet se transforma en un mocito pendenciero y jacarandoso y empieza a frecuentar el establecimiento de Cañamèl, el tabernero del pueblo, un viejo carabinero y guardia civil retirado, de estado viudo, olvida prácticamente a Neleta, a quien jactanciosamente considera de su exclusiva propiedad. Mientras ésta crecía en la miseria como una flor rara, contrastando su hermosura con la pobreza física de las otras chicas del Palmar, sigue escribiendo el ilustre literato.


Y por si no fuera con lo dicho suficiente para justificar a Neleta en su decisión posterior de casarse con el tabernero, continúa escribiendo: El baile en la plaza a la luz de teas resinosas, donde obligaba a Neleta a permanecer sentada, pues por algo era su novia, mientras él bailaba con otras menos guapas, pero mejor vestidas. . .


Neleta debía ser lógicamente una mujer de su época y quería a Tonet. De ahí que quizás considerase hasta natural, en cierto modo, el abuso a que éste la sometía. Pero todo tiene un límite. Y este llegó cuando Tonet se alistó en el ejército y se fue a Cuba. Por otra parte su instinto de mujer práctica comenzó a desarrollarse. El tabernero y también rico contrabandista Cañamèl era un objetivo próximo y fácil para una mujer joven, bella e inteligente. Y tras algunos escarceos que ponen de manifiesto su habilidad femenina de seducción se casa con él.


Los problemas comienzan con la vuelta de Tonet, La guerra de Cuba ha terminado y nuestros aguerridos soldados regresan derrotados y enfermos. Entre ellos Tonet, con su colección de jipijapas y un acordeón como único equipaje, pero con cierta aureola heroica que Neleta, mujer al fin, no sabe resistir.


Cañamèl no sólo no se opone a que el ex-novio de su mujer entre en la taberna, sino que lo facilita, en parte por patriotismo (él también estuvo en Cuba como guardia civil) y en parte porque atrae la concurrencia que escucha admirada las hazañas reales o inventadas protagonizadas por Tonet.


Así se gesta este drama que culmina en el embarazo de Neleta tras la muerte de su marido Cañamèl. Éste había dejado toda su fortuna a su esposa pero con la condición de que no se volviera a casar ni sostuviera relaciones con otro hombre, en cuyo caso la mitad de su fortuna pasaría a mano de sus parientes. Por eso, Neleta, decide ocultar su preñez, cosa que hace con insólita firmeza ante las miradas suspicaces y certeras de la familia del marido, en especial de la Samaruca. Y cuando se produce el parto, no duda en entregar el niño a Tonet para que lo llevase a Valencia y allí lo abandonase.


Y Tonet, incapaz de resistir la autoridad de su querida, inició desesperadamente la travesía nocturna de la Albufera. Pero como el niño lloraba escandalosamente en el silencio nocturno del lago, poblado, sin embargo, de otros pescadores que tendían sus redes a aquella hora, temeroso de ser descubierto arrojó criminalmente a la criatura al agua helada y fangosa.


Posteriormente, en una cacería en la que Tonet actúa como ojeador de un cazador de Valencia, su perra, Sentella, la que antes era de Càñamel, buscando una pieza herida sacará el cadáver del niño, ya putrefacto, ante la mirada horrorizada de dicho cazador y el estremecimiento culpable del padre criminal, quien brutalmente golpea con la percha la cabeza de la perra. Y sale de allí en su barquito huyendo, mientras el cazador queda con el tío Paloma.


Pero la huida es corta, el trágico epifonema final se desarrolla en unos carrizos próximos, en donde Tonet reconsidera con cierta lucidez su vida y decide, consecuentemente con su escaso valor moral, suicidarse.



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