2666
(BOLAÑO;ROBERTO)
Tras la lectura de la última obra de Roberto Bolaño, 2666 (Anagrama, 2004), y de las diversas reseñas -no todas, por favor- que sobre la misma han aparecido en los diversos medios de comunicación que se ocupan -asiduamente o no tanto- de comentar o enjuiciar o incluso de recomendar o vituperar libros y novelas, como temática principal o a modo de relleno, uno tiende al sonrojo primero, a la vergüenza después, puede que también a la ira, aunque ésta menos, y finalmente al desentendimiento, pues se tiene la desazonadora sensación de que los que escriben sobre ella no se han enterado de nada, de que les han podido más las prisas por acabar la lectura (1119 páginas, pocas en blanco por causa de títulos o comienzos) y reseñar que el genuino y primigenio placer de leer a un Maestro, perfecto en cuanto que ya fallecido y por lo tanto susceptible de exhaustivo estudio y sin propia capacidad de réplica. Al igual que sucedía con "Los Detectives Salvajes", su doblemente premiada novela de 1998, 2666 es un collage de vidas humanas y acontecimientos, descripciones y narraciones entrelazadas con sutiles reflexiones o metáforas acerca de las propias obsesiones del autor: la prefiguración de destinos según la geografía del nacimiento; las situaciones abusivas de un género contra otro, de un estrato social contra el -o los- de más abajo, el abuso en sí mismo como forma de vida; la capacidad de sufrimiento y la cuasi imposibilidad de distinguir el umbral de rotura de éste; la búsqueda, y por consiguiente la peregrinación, incesante; la infrarrealidad y los sueños, lo que subyace debajo de lo aparente, de lo que se ve y oye y toca y huele, lo indiscernible, la clarividencia, la mano que guía y el detalle que alumbra; la sombra que tapa y tranquiliza, la tranquilidad misma que todo lo envuelve y todo lo silencia o al menos lo intenta; el afán de esclarecimiento y desagravio, el fogonazo sobre el estupro y la desviación; la denuncia de la injusticia e incluso de la indiferencia y el velo; y tantas otras -también la literatura y su bueno o malo destino, cómo no- que, puestas de manifiesto en el escenario de una historia de crímenes reales en el norte de México, constituyen una lúcida y profunda reflexión acerca del deterioro social e individual, de su nefasta incidencia y causalidad en el contemporáneo desmoronamiento del colectivo humano. La gran novela de Bolaño se divide, aparentemente, en cinco partes, todas ellas relacionadas por un tema común: los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, más de doscientos (la cifra no está clara), acaecidos en la última década. Estos crímenes sin resolver, que encuentran un fiel reflejo en la incesante desaparición y asesinato de chicas jóvenes en nuestro país, no son sino una muestra más de la increíble capacidad del hombre para infligir daño al prójimo en pos del beneficio y disfrute propios: la violación y el crimen como trasunto de la vejación y el placer nefando que ésta produce en los desviados. La primera parte, llamada de los críticos, tiene una estructura detectivesca. En ella se narra la historia de tres críticos literarios y una profesora de literatura unidos por una pasión común: la obra de un escritor prusiano nacido en 1920, huidizo y esquivo, del que poco más se sabe al margen de sus escritos y su sobrenombre, Benno Von Archimboldi. Rastreando la estela vital de este escritor, los cuatro protagonistas recalan en México, donde concluirá el polígono amoroso creado por los tres hombres y la indecisa y extraña mujer. En la segunda parte se narra la degradación psíquica de un chileno, Amalfitano, casado con una española que lo abandonará por una quimera poética encarnada en la figura de un escritor enfermo de locura y encerrado en un sanatorio vasco.
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