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Niebla
(UNAMUNO;MIGUEL DE)

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Un día sale Augusto de casa a ver un poco la niebla del mundo, y de pronto, de la niebla surgen unos ojos, los de Eugenia, que deshacen la niebla, que hacen comprender a Augusto lo triste que es tener que soñar solo. Soñar solo no es soñar de verdad. Solo el sueño de dos es realidad. Decide conquistarla. Llevar el fuego de esos ojos a su hogar de huérfano, que no es ya hogar, sino cenicero. El de las cenizas del padre. No las cenizas de su cuerpo, sino las del último habano que fumara. Augusto andaba enamorado, por entre su niebla cotidiana, de al mujer abstracta. Eugenia concreta la abstracción y de pronto Augusto experimenta un amor descontrolado al género. De pronto, todas las mujeres parecen deseables para soñar el sueño a dos. Había pasado de lo abstracto a lo concreto y de lo concreto a lo genérico, de la mujer a una mujer, y de una mujer a todas las mujeres, a la Mujer. Era todo un Don Juan. Se enamora también de Rosarito, la planchadora. Hasta se siente tentado a seguir los consejos de su fiel criado, que le dice que lo mejor es casarse con las dos, o las tres, las que sean, que siendo rico eso se puede hacer, pues teniendo dinero ellas se conforman facilísimamente. Augusto, quizás con la idea de vengarse, comienza a sentirse también atraído entonces por la mujer de su propio criado. La niebla se convierte en multiplicación de claridad.

Pero la verdadera claridad, Eugenia, la pianista, el amor de conquista, se burla de él. Al casarse con él tras haber rescatado la hipoteca que pesaba sobre la casa de ésta, se ve abandonado por su mujer, que vuelve con su antiguo novio. Augusto va consultando en su odisea a todos los que conoce y, decide suicidarse, al fin, desesperado, recurre a ir a ver al que es presunto responsable de su propia existencia. Se va a Salamanca a ver a don Miguel. Va a ver al autor. Y el autor pretende matarle. ¿Qué hacer con él? Una vez concluido el sermón dialéctico, ¿qué hacer con ese ser que se pretende vivo? Es indiscutible su derecho a hacer con él lo que le dé la gana. Pero el personaje se subleva. Proclama tener el mismo derecho a la vida que su autor. La sublevación del personaje subleva al autor. Le subleva hasta el punto de que prescinde ya de razones y de razonamientos y diálogos y proclama su derecho a hacer lo que quiera con él.

En fin, el dialogante cae en el exabrupto. Pero el personaje sigue terco y lanza a Miguel por el despeñadero del delirio patrio. Pica a don Miguel donde le duele.
Y tras el alarido, le condena a muerte.

Pero Augusto no se deja matar. Se mata. Se suicida de una indigestión.

El hombre que se nos presenta en Niebla está en una continua búsqueda de identidad y de sentido, aun desconociendo la manera de encontrarlos. Es un hombre contradictorio y solitario, envuelto en su propio ser, que se pregunta continuamente y se introspecciona a través de autodiálogos. Se crea él mismo una realidad aparente que le abarca y le supera, nublando a sus ojos el mundo exterior, del que no puede confirmar su existencia real. Unamuno nos propone una vida vivida día a día, sin preocuparse del mañana. Existe un continuo debate agónico y luchador entre el sueño y la realidad. Se tiene presente también el tema de la mentira consoladora: todo es fantasía, el hombre cuando habla miente a los demás y cuando piensa, se miente a sí mismo. También halla contradicciones en el propio sentido de la vida: carente de sentido ésta al principio de la obra cuando pasea por su pueblo, como por la vida, se cruza con Eugenia y la sigue, tomando un camino concreto, hacia su casa, encuentra por primera vez el amor y el sentido, se comienza a ver como persona dentro de una sociedad. Más adelante, durante y a partir de la entrevista con don Miguel, se descubre como individuo y encuentra a su Dios, un Dios que determina, guía y vigila la vida y decide cuando se ha de morir. Deificación que también se personifica en Augusto para con su perro Orfeo. También implica esto el impulso humano a ser Dios,a dominar la vida de otros: Unamuno con sus personajes, y Augusto con Orfeo.

Existe pues una enorme contradicción entre el hombre y su entorno, el entorno, el mundo se presenta casi como enemigo del hombre, es niebla que le impide ver la realidad y a los otros hombres. Este entorno es producto del hombre, y no es posible llegar a él sin salirse del hombre y de la propia individualidad. Una de las formas de salir es el diálogo.

En resumen, se nos presenta un personaje que se rebela contra su autor y lucha por ser, no por acabarse.



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